Yibril, consumidores inteligentes
31Ago/091

La vuelta al cole

Todos los años de colegio, casi nunca estrené nada. Ni si quiera los bolígrafos (que eran de publicidad) estrenaba. Los lápices (los HB de toda la vida) eran los de mi hermana mayor que ella había desechado, los lápices de colores eran de mis primas, los rotuladores ("Carioca" por supuesto) también eran de mis primas que ellas ya no querían porque estaban medio gastados y mi hermana y yo lo compartíamos y aprovechábamos echándole alcohol para que aguantaran más.

Todavía recuerdo cuando Danone empezó a regalar rotuladores. Creo que son los únicos que he llegado a estrenar.

La mochila era la de mi hermana y los libros eran extremadamente cuidados por ella para que yo pudiera "estrenarlos" cuatro años después.

Hasta los chándals nos los pasábamos. Pero fuimos una de las últimas generaciones no gobernadas por las marcas. En cuanto España empezó a introducirse cada vez más en el mercado, los niños y padres aspiraban a los chándals de marca, a estrenar estuches, libros, libretas, lápices, gomas, etc... cada año. Pero en realidad eso no era necesario. El querer dar a nuestros hijos lo que "nosotros no pudimos tener" ha hecho que entremos en olas de consumismo que no podemos soportar. Si a esto unimos la "moda" de cambiar todos los años los libros de texto (que me pregunto yo, ¿tanto cambia la biología o la historia de un año para otro? en lugar de evolucionar, ¿será que "se revolucionan"?) hace que desde Septiembre hasta casi Noviembre no hayamos podido terminar de pagar la entrada de nuestros niños en el nuevo curso.

Para remediarlo, o al menos para paliar sus efectos, tendremos que tirar de otros recursos. Por ejemplo, hay librerías que sólo abren antes del curso nuevo y se dedican a la compra-venta de libros de texto. Como no todos los libros cambian, podremos aprovechar alguno que otro que alguien haya vendido para disminuir el gasto escolar.

Con respecto a los lápices, gomas, rotuladores y ceras, ... eso es más de cuidados del material que de otra cosa. Nuestros hijos tienen que ser conscientes del coste de cada uno de esos materiales y que un lápiz puede durar un par de años si no se muerde, ni se trata con desdén. Igualmente pasa con las ceras, la mochila, los cuadernos o los estuches.

Con respecto a la ropa, muchas veces tenemos amigas que están dispuestas a darnos ropa de sus hijos que ya les han quedado pequeñas y que están bien. Esta ropa tiene un coste cero, o como mucho tienen el coste de un pastel que haremos en agradecimiento por resolvernos un par de meses de compras.

Estoy segura que muchas de vosotras ya utilizáis alguno de estos sencillos consejos, y otras sois simplemente maestras de ellos y tantos otros que se habrán quedado en el tintero.

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Sobre el autor Isabel Rubio

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Comentarios (1) Trackbacks (0)
  1. Yo doy fe de que lo descrito en el artículo es real como la vida misma :-)


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